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Tic-tac “prohibicionismo y adicciones” o “ la vieja receta de llenarse los bolsillos envenenando a la gente”.

La inevitabilidad del control social absoluto quizás sea una quimera, pero ha sido perseguida por aquellos que buscan, sino la virtud, la gloria con anhelante determinación.

Por M. Gustavo Pose

El inevitable destino fatal, la sumisión irreductible a los dictámenes de los portadores del conocimiento no es otra cosa que un panfleto. Es la representación del drama de la muerte en el escenario social y político por inspirados comerciantes, científicos genios y autodidactas huidos del paraíso, ¡patrañas!.

“No seas malo” decía el slogan corporativo de google en sus inicios, expresando su voluntad de no utilización de los datos de sus usuarios con fines maliciosos, slogan que, tras su reestructura en 2015 fue cambiado por “ do the right thing”, lo que sea que eso signifique. Todo ha cambiado. Ahora, Tick-toc pasa al estrado, antes Facebook tras el escándalo con Steve Bannon y Cambridge Analytica en las elecciones norteamericanas en 2016.

Tantos años de trabajo, décadas, desde Touring a nuestros días y se llega el momento de cosechar una buena porción de los resultados de tantas investigaciones en pos del enigma de la inteligencia. Mientras tanto, los Estados nación reclaman sus majadas. Hay tanta lana paciendo libremente en las praderas que aquellos que posean la herramienta adecuada podrán capitalizar pingües ganancias, en términos económicos, pero también en términos de control político. Y China va adelante en este sentido, de hecho, el encolumnamiento productivo de la sociedad sinica merced al control gubernamental pone a babear a muchos occidentalo-centristas.

España intenta vetar Telegram, lo que suena como el primer ladrido en el canil antes de que se abalancen otros Estados, unos contra otros y todos contra la sociedad, ¡ a por tus fueros!. El motivo es claro, las mayores posibilidades de acceder al poder están del lado de aquellos que poseen las herramientas adecuadas, no solo para el control de la masas en su conjunto, sino por vía indirecta, a través del control de los segmentos de la población más permeables a la manipulación telemática.

Sin embargo, no veo un destino fatal para el modelo al que se le ven las costuras, el de los Estados o aquel que se efectiviza dentro de unos  límites indeterminados, en las regiones de influencia de los estados hegemónicos, un salseo dentro de la misma pugna global multipolar.

Así, el santo grial, la capacidad de explotar económicamente los impulsos inconscientes, de monetizar cada ser humano según sus capacidades, más allá de su localización, recursos o cultura, de crear un instrumento de deseo insustituible, parece que ha llegado para quedarse. Aunque no sea más que un sueño constructivista dentro de otro sue…. Zzz).

Pese a todo, es bueno saber que existen perspectivas esperanzadoras basadas en la libre competencia de preceptos. El martillo impositor de las mega-fundaciones universalistas y su afán globalizante no es más que eso, un anhelo infame y cruel de dominio del destino terráqueo, patio de juegos de entidades monstruosas, malformes productificadoras de….¿bebés?.

Aunque las amenazas de despotismo son ciertas y dolorosas ya que se presentan como consensos universales, no son más constructos de laboratorio. Estamos padeciendo una superposición de avances sistemáticos en contra de los recursos vitales por parte de quienes creen que la búsqueda de realización y consumación vital innominada, no se debe permitir. Rapto, secuestro y rapiña de los activos íntimos y sociales a los que habrá que contraponer alternativas.

En el ágora y a plena luz del día, resulta conmovedor contemplar la siniestra batalla entre corporaciones-estado por cada corral, cada parcela, cada lote donde correr la guadaña.

En un futuro próximo no habrá directrices definitivas preaprobadas por la mayoría. El campo de batalla por la confianza, es un mar de fango. Ninguna cosa aparte del poder efectivo sobre el territorio será válida aunque por cierto, muchos Estados pactaran o serán obligados a someter su fracción de terreno, hacerla permeable a cierta ideología o técnica y por supuesto, a desestimar otras. No estaremos a salvo en medio de una danza entre miles de espejos, pero al menos sabemos que “pueden engañar a algunos por un tiempo, pero no pueden engañar a todo el mundo todo el tiempo”.